Silencio por amor

De eso hacia ya un mes, su vida se volvió prácticamente miserable.
Roberto pensaba mientas agua fría o sudor (daba lo mismo), escurría por su espalda, pero esos escalofríos no eran nada comparados con los que le producían lo recuerdos.

Había vuelto de su trabajo en esas tardes otoñales, se sentía un tanto estúpido con las rosas, pero feliz. Llegó a su casa y le extrañó no ver a su esposa con la cabellera roja volando hacia sus brazos, como cada día, como todos los días.

Ya ni siquiera lo inmutaban las caras extrañadas de los transeúntes que lo veían caminar bajo esa helada lluvia  invernal, solo quería llegar a ese bar. Entró, soporto la mirada de lástima casi completamente disimulada del cantinero. Como si de una historia se tratase pronunció:
-Lo mismo, por favor.
Estaba frecuentando ese lugar a diario, los fantasmas eran insoportables en su casa, por no mencionar que en los primeros días agotó las botellas que no bebía ni por fin de año. Se recargó en la barra y como una macabra película, las imágenes se arremolinaban en su mente.

Subió las escaleras de la acogedora casa, escuchó algo que hizo que la certeza cayera con el peso de una viga de acero en su estómago, pero no, no era cierto, estaba alucinando, Lucía era perfecta y noble desde que la conoció. Tal vez estaba enferma, sí tal vez eso era.

Un whisky, dos, perdía la cuenta. Aún tenía suficiente dinero para seguir pagando esas cuentas a pesar de haber sido retirado de su trabajo hace unos días, su deplorable estado y su desempeño desastroso le había costado un descanso obligatorio pero bien sabía que seria suspendido en corto tiempo. Sonrío. Esa mueca de tener la cara desencajada no le gustó al cantinero, siempre era mal presagio, pero nunca debía intervenir, suspiró mientras su cliente se quedaba perdido viendo algo al final de la barra.

Giró el pomo de la puerta de la habitación principal, entonces la vio con un rictus de placer cruzando su hermosa cara y al instante la sorpresa de ser descubierta, y se volvió pequeña como si quisiera desaparecer tras la espalda desnuda de la que se abrazaba. Roberto quiso gritar, golpear, herir hacer algo pero su cuerpo no atinó a moverse de ese sitio, no se fijó bien en el tipo que estaba desnudo en su cama. Lucía se levantó, se puso una bata y se acercó a él, era asqueroso su olor mezclado con el de aquél, todo le pareció un error, apenas y lo tocaban las palabras de ella.

En el bar bebió su ultimo trago y pagó, el cantinero lo miró:
-Mi amigo, no cometa una locura.
Roberto sonrió de lado.
-Ahora la locura parece ser lo único que me queda.
Salió, Recorrió la mitad de la ciudad a pie bajo esa lluvia helada, encontró uno de los edificios de oficinas más altos, bien sabía que probablemente ahí la  encontraría, a Lucía con su rojo cabello recogido y moviéndose de un lado a otro de su oficina, controlándolo todo. Todo excepto a él. Subió por las escaleras, a pesar de su aspecto, en la entrada nada le dijeron,  probablemente sabían que él y Lucía estaban casados.

-Ya no te quiero, siento que jamás te he amado. Es una farsa, perdóname pero no te soporto, lo que sentí por ti nunca fue amor.
Él solo vago por los ojos de ella y encontró algo aún peor que lo que acababa de escuchar, encontró verdad en cada cosa que ella había dicho.
-Tu cara no me dice nada, a pesar de portarte tan dulce no te siento mio, no me siento tu cómplice  crees que sabes como tratar a una dama, pero no sabes NADA.

Un piso antes del que rentaba la compañía donde ella trabajaba, cambió de desición, siguió subiendo hasta que llegó al ultimo piso, y sintió el aire helado que recorrió su cuerpo, y lloró, sollozando como animal herido caminó a la orilla.

-Yo no te amo.

Las lágrimas y la lluvia apenas le permitían ver nada, no lograba deshacerse de ese maldito dolor, no podía.

Lucía sonrió de forma sarcástica.
-Mírate, eres tan lamentable, ni siquiera has acertado a portarte como un verdadero hombre, te volviste tan pequeño. Cualquier hombre se habría ido a golpes contra Daniel.

-¡Ja! Daniel, quien diablos importa, maldita perra.- murmuró mientras veía una foto de ella en el celular y lo arrojó con tanta fuerza al piso que se rompió.

-Me largo hace meses que no te soporto. Y no me busques... ya no te quiero.

Roberto se sintió completamente vacío si eso se podía. Y voló, el aire era helado, demasiado.

¡CRAC!



2 de enero del 2013

Hombre se lanza desde lo alto del edificio principal de oficinas de la ciudad.

La tarde de ayer se reportó el deceso de un hombre que al parecer se suicidó lanzándose desde el edificio central de oficinas, aproximadamente a las 6:32 pm. En la escena solo se encontró un celular roto, hay varios testigos debido a que el hecho ocurrió en una de las principales calles del centro de la ciudad. Las autoridades se han negado aún a dar un reporte exacto de los hechos, pero uno de los testigos asegura haber visto a una mujer pelirroja al parecer en un estado de shock, gritando por una de las ventanas del edificio. Uno de los guardias del edificio dijo que el hombre presuntamente era el esposo de dicha mujer, la gerente de mercadotecnia de una importante compañía de telecomunicaciones....


Comentarios

  1. una lagrima se congela en el viento
    mi corazón herido es despedazado
    un demonio interno me susurra al oído
    grita y explota los sentidos en mi mente
    acribilla brutalmente mi alma
    la despoja de todo lo que es y sera
    al filo de un vació
    mi corazón roto no vale nada
    ante el filo de un cuchillo
    el amor profesado se desvanece
    ante el frío cañón de un arma
    la muerte se transforma en un estadillo de mi cráneo
    solo parpadeo y doy un paso
    y mi dolor se esfumara conmigo...y tu conmigo

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